martes, 5 de febrero de 2008

Oswaldo Reinoso made in Puno



¿Y este es el mejor narrador joven de Puno?

Habla el padre de los poetas jovenes



Embaucando bobalicones Floro puro

El modelo postmoderno en la poética de Walter Paz

Por José Luis Velásquez Garambel

Dedico a la ignorancia rampante en la “intelectualidad” puneña. Cuanto más rápido lleguemos al conocimiento será más fácil entender a poetas de la talla de Walter.

Albrecht Wellmer habla de concepto esquivo al referirse a la postmodernidad o el postmodernismo, y es que iluminar dicho concepto conlleva su buena dosis de dificultad. Su permanente estado de debate confrontado, modernidad-vanguardia-postmodernidad, hace posible un enfoque multiinterpretador en tanto la mera acotación del término en sí se halla lejos de lograr ser precisada. En este mismo sentido caben los clarificadores trabajos de Jean-François Lyotard, Levin, Wallis, Jameson, Hornung, Hoffman, Sontang, Spanos, Fokkema, Deleuze, Kunow, Habermas, Simmel, Huyssen, Foster y Kroker, entre otros, si bien extendemos la serie a autores de pensamiento españoles más próximos en el tiempo y que en los últimos años ha retomado la polémica de la postmodernidad como como son Jacobo Muñoz, José Luis Pardo, Eduardo Subirats, Javier Sádaba, Juan Antonio Ramírez, Gómez de Liaño, J. M. Mardones, J. Beriain, A. Ortiz-Osés, Fernando Savater, M. Fernández del Riego, José Tono Martínez o Jesús Ibáñez, también entre otros. En este mismo eje, considero necesario establecer aspectos de la cartografía de la postmodernidad -dado que su acepción en el campo de la historia, desde planteamientos que siguen estrechamente los postulados de Hayden White, Said, LaCapra o Paul Veyne, implica especialmente como sujeto a Eduardo Mendoza- y marcar los referentes en cuanto a definición y caracterología de lo que se acepta como espacio heterogéneo y, tal como como hemos adelantado, foco cultural controvertido y disperso.
Partiendo de Lyotard, Josep Picó señala que la postmodernidad se da "como la crítica al discurso ilustrado y su legitimación racional". Nos referimos a un movimiento epocal en el que la postmodernidad "representa la incredulidad en los metarrelatos". Por su parte el citado Wellmer subraya que la postmodernidad define el final de un proyecto histórico, que es "el proyecto de la modernidad, el proyecto de la Ilustración europea, o finalmente tambien el proyecto de la civilización griega y occidental", una continuación del modernismo en la que se opta por un cambio de registro, o, siguiendo a Wellmer, "un movimiento de des-construcción", una actuación del tiempo limitado al presente, único estadio reconocido por la est postmoderna. Ahondando en ello, Ihab Hassan hablará, también, de "deconstrucción, descentramiento, desaparición, disimilación, desmitificación, discontinuidad, diferencia, dispersión" en el discurso. Germán Gullón se referirá a la transversalidad, "a la obra de arte posmoderna [en la que] encontramos lo real y lo imaginario conjugados". Jesús Ibáñez dice que la postmodernidad "es la en la que se borran los signos del tiempo", apreciación desde la que podemos aproximarnos a las palabras de Jacobo Muñoz para quien la postmodernidad va más allá de tipologías literarias para instalarse en una vasta lista de t clave. A saber: "Apertura, heterodoxia, eclecticismo, marginalidad, revuelta, deformación, difracción, descreación, desintegración, deconstrucción, desplazamiento, discontinuidad, dispersión, fragmentación, incredulidad, particularismo, diseminación, ruptura, dadaísmo epistemológico, otredad, caos, rizoma [...], despedida de los grandes relatos legitimadores (de la dialéctica del Espíritu a la hermenéutica del sentido, de la emancipación de la clase obrera al desarrollo económico y a la épica del progreso)". Asistimos, por tanto, desde una epistemología explícitamente diferenciada y diferenciadora a una reorientación del axioma arte cuyas dislocaciones no se anteponen tanto a la modernidad cuanto que nacen de ella en su precipitación en el tiempo y en el espacio culturales. Si el movimiento moderno (visible en la utopía arquitectónica de Mies, Le Corbusier, Hilberseimer, Bauhaus, Gropius) quebró la huella del pasado, del academicismo como componente unitario, la postmodernidad (manteniéndonos en el ejemplo arquitectónico, Charles Moore, Robert Stern, Philip Johnson o Michael Graves) niega la dinámica triunfal de esa misma modernidad entroncada en el marco aceptado como oficialidad. Hablamos de reaparición de la antigua ideación de arte. Con palabras de Andreas Huyssen constatamos cómo en el final de la vanguardia moderna se recupera el principio del "museo como templo, el artista como profeta, la obra como reliquia y objeto de culto, la restauración del aura", con lo que se da un reciclaje que va a ser denostado por los postmodernistas. Hay en éstos una pérdida de confianza "en la unidad teológica sustancial de la modernidad", tal como lo indica Juan Antonio Ramírez, quien afirma que lo postmoderno "significa todo lo que puede existir cuando lo moderno es sólo un punto de partida o el mero entorno tácito de cualquier nueva creación".
Huyssen matiza y distingue históricamente tres brechas de postmodernismo en función de las décadas de los 60, 70 y 80, que lo acogen. Considera que en el primer postmodernismo, que él localiza entre los años sesenta y setenta, se pretende revivificar "la herencia de la vanguardia europea y darle una forma americana en torno a lo que se podría llamar (...) el eje Duchamp-Cage-Warhol". Con él aparecerá la visión del eclecticismo y la literatura de lo que se ha calificado como relato del alma americana, es decir Jasper Johns, Jack Kerouac, Burroughs, John Barth, Ginsberg y Barthelme. Siguiendo en este planteamiento, Graff ha escindido el cosmos postmoderno de la década de los sesenta en una doble articulación que él califica como líneas apocalíptica y visionaria, que pugnan contra el modernismo institucionalizado de los años cincuenta. Siguiendo el eje señalado de Huyssen, el postmodernismo inicial obedece a cuatro características perfectamente perfiladas. En primer lugar, establece que el postmodernismo de los sesenta "estuvo caracterizado por una imaginación temporal que mostró un poderoso sentido del futuro y de las nuevas fronteras, de ruptura y de discontinuidad, de crisis y de conflictos continentales de vanguardia anteriores como el dadaísmo y el surrealismo antes que el modernismo culto". Hablamos aquí de nacionalización del postmodernismo en tanto que EEUU se entroniza como núcleo determinante e influyente en el mundo artístico-literario del período.
Hay que subrayar un segundo carácter definidor que Huyssen concreta en la quiebra de lo que ha sido definido como arte institución. Recordemos que, tal como indica el propio Huyssen, "el atrevimiento de la vanguardia histórica había sido desmitificar y socavar el discurso legitimador del arte de élite en la sociedad europea". El postmodernismo así revierte su actitud hacia la recuperación de ese espíritu iconoclasta manifiesto en los albores del arte moderno desde donde se opera un criterio antiminoritario. Postmodernidad y vanguardia fundirían, en este sentido, su filo al trabar arte y vida.
El tercer rasgo avalaría la aceptación tecnológica de las propuestas postmodernistas. Si Vertov, Heartfield o Bertolt Brecht respaldaron la fotografía y el cinematógrafo como recurso expresivo y soporte de estética ideológica, de igual manera la órbita de Marshall McLuhan y su traducción en una normalización cibernética será integrada como desafío de los artistas y escritores postmodernos. Decors mantiene que en el postmodernismo "todo elemento puede ser válido y 'útil' como expresión de arte. Lo único que prevalece por encima del producto acabado es el proceso a través del cual extraemos los elementos de sus categorías originarias para exponerlos o representarlos", y en esa validez se axiomatizan los medios de estética y de comunicación tecnológica. Siguiendo el pensamiento de Vattimo se puede determinar la importancia que representan los medios de comunicación en el nacimiento de una sociedad postmoderna, en tanto "esos medios caracterizan a esta sociedad no como una sociedad más 'transparente', más consciente de sí, más 'ilustrada', sino como una sociedad más compleja, incluso caótica". Huyssan, por último, destaca la revalorización de la "cultura popular como desafío al canon del arte culto, modernista, tradicional". Cotidianeidad, esteticismo camp, el pop, la música folk y el rock , o lo que sería igual hablar de cicatrización entre lo popular y lo elitista, la liquidación de lo jerárquico, la eliminación del criterio comparativo entre arte de libro y arte de calle, es, pues, una huida de la ortodoxia, una afirmación diferente del juego artístico.
En cuanto al postmodernismo de los años 70 y 80, de clara vinculación con Walter Paz, hablemos de cambio de rumbo, y hagámoslo desde planteamientos de desencanto. Desde una pérdida de la huella de Fiedler, hay toda una metamorfosis que marca la desvanguardización de la heterodoxia presente, por ejemplo, en el pop, e incluso -subraya Huyssen- aquel "optimismo inicial en torno a la tecnología, los medios de comunicación y la cultura popular había dado paso a unas valoraciones más sensatas y críticas: la televisión como contaminante más que como panacea". El nuevo postmodernismo hará gala de una mayor dispersión, de una visión menos unitaria; más que nunca la relatividad de los sucesos, el cruce de caminos con los vértices neodadaísta y neoexpresionista como síntoma, la aniquilación de una verdad totalizadora e intocable, el valor de la unicidad o el tiempo de lo plural, cobrarán un crédito preanunciado en los años sesenta. "Las expectativas de combinación experimental y mezcla entre la cultura de masas y el modernismo parecieron prometedoras y produjeron algunos resultados artísticos y literarios de los más brillantes y ambiciosos de los años 70" .
Discontinuidad de lo real, minimización del discurso literario, desrealización del eje escritural, insuficiencia e incapacidad del discurso para asumir la verdad y, especialmente, la acepción de "una literatura del no-conocimiento", en la que toman naturaleza la anulación del orden lineal, el rechazo del paradigma consensuado y la inclinación por la diversidad y la plurisignificación, ajustan el registro de una poética que está por la dispersión y la artificiosidad como modo de conocimiento. Ese planteamiento del concepto de postmodernidad nos pone en contacto directamente con la noción de historia y novela histórica. Conviene que nos detengamos en esta premisa acerca del principio dialéctico de Hegel y su resolución en Marx, en tanto lo postmoderno apuesta por una reconceptualización de la historia, y en esa redefinición coinciden las quiebras contundentes hacia las rigideces hegelianas y materialistas sobre las que atentan y se rebelan los postmodernistas. Sabemos que el método dialéctico expresa la conexión dinámica de las cosas, la universalidad del cambio y su carácter radical: todo lo que posee realidad se encuentra en proceso de transformación por el hecho de que consta de factores o fuerzas opuestas cuyo movimiento interno lo conecta todo y cambia toda cosa en algo distinto. La oposición adoptada por el materialismo dialéctico es que su método revela leyes relevantes para todos los niveles de la existencia porque están convalidadas por la experiencia pasada. Como hemos dicho, es imprescindible comprender estos planteamientos con el fin de ahondar en la visión poética que emana de Walter Paz.


(*) José Luis Velásquez Garambel (1980), Maestría en Interculturalidad (UNA-Puno), Investigación Científica (UNFV-Lima) y Doctorado en Ciencias Histórico Sociales (UNSA-Arequipa), ha sido profesor invitado de la Universidad Nacional del Altiplano en los cursos de literatura Antigua y Contemporánea (2005), del mismo modo en la Universidad Privada José Carlos Mariátegui – Moquegua (2005).

Miren a Gabriel ¿No hubiera ganado el Concurso?



Ese es el famoso autor de este blog Gabriel Apaza Mamani. Enemigo público de la literatura puneña. El mongo de amarillo que aparece detrás de una reina juliaqueña. Así nomás es y todavía quiere tumbarse a los literatos de Puno.

Literatura puneña: un libro fundacional

Feliciano Padilla

Casi al concluir el año 2007, la Editorial René Impresores de Juliaca publicó un libro importante dentro de la historia del ensayo puneño, con el título de “Literatura Puneña” y el subtítulo de “Para educación secundaria”, de la autoría de Percy Zaga Bustinza.
I. ESTRUCTURA: La obra contiene estudios de literatura, ensayo, oratoria, periodismo, crítica, teatro y música; todos ellos precedidos de modo pertinente, por algunas consideraciones generales referidas al hombre, la naturaleza y el arte y, de un contexto de literatura americana y peruana, que funcionan a guisa de marco teórico general.
El estudio de la literatura comprende sus dos versiones: prehispánica e hispánica. La primera se desarrolló en las lenguas nacionales como la aymara y quechua y; la hispanista, en lengua española. La literatura en castellano arranca desde la época de la conquista con algunas crónicas donde Puno es el centro de la historia, hasta Ludovico Bertonio y su famoso “Arte de la lengua aymara” publicado en 1616. La época de la emancipación está representada por José Domingo Choquehuanca y, la república del siglo XIX, por los poetas de finales de aquella época, sustentados con fuentes periodísticas, hasta los literatos del siglo XX, cuyo primer representante más notable fue Gabino Pacheco Zegarra. Le siguen una exposición acerca del indigenismo con Gamaliel Churata y el Grupo Orqopata, por un lado y; Emilio Romero, Mateo Jayka y distintos escritores, como iniciadores de la narrativa puneña, por otro lado. En el Grupo Orqopata se considera a nuestros poetas más queridos como Alejandro Peralta, Luis de Rodrigo, Aurelio Martínez, Emilio Vásquez, Emilio Armaza, Benjamín Camacho.
El centro de este ensayo es la literatura y, por tal razón, ha merecido la mayor atención de Percy Zaga, quien, en este capítulo, aborda las poéticas de Carlos Dante Nava, Carlos Oquendo de Amat y Efraín Miranda. Luego, merecen un estudio panorámico: Vicente Benavente Ccalla, Óscar Cano Torres, Mercedes Bueno, Roberto Mendoza, Luis Zambrano Rojas, José Parada Manrique, José Paniagua Núñez, José Díaz Bedregal y Roberto Bustinza Mamani. El ensayo literario continúa con un estudio de la Promoción Intelectual Carlos Oquendo de Amat (Omar Aramayo, Gerardo García Rosales, José Luis Ayala, Serapio Salinas, Gloria Mendoza y Percy Zaga. Finaliza el trabajo con glosas sobre los últimos literatos puneños: José Alberto Velarde, Lolo Palza Valdivia, René Apaza Challada, Simón Rodríguez Cruz, Fidel Nina Mendoza, Gabriel Apaza Mamani, Darwin Bedoya, Rodolfo Chávez Luque, Luis Pacho Poma, Wálter Paz Wuispe, Hedí Sayritúpac Flores, León Quispe Huranca, Luis Rodríguez Castillo, Boris Espezúa Salmón, Alfredo Herrera, Víctor Villegas Arias, Rudy Frisancho, José Luis Velásquez, Wálter Zea Mamani, Bladimiro Centeno Herrera, Elard Serrato Dancuart, Édward Huamán Frisancho, Adrián Cáceres Ortega, Christian Reynoso y Camilo Sánchez Ayscorbe. La narrativa actual, por su parte, incluye semblanzas de Luis Gallegos, Jovin Valdez, José Luis Ayala, Omar Aramayo, Jorge Flórez-Áybar, Zelideth Chávez y Feliciano Padilla
El estudio del ensayo puneño abarca diferentes tendencias y especies, tales como el ensayo pedagógico con José Antonio Encinas; el ensayo jurídico, con Juan José Calle, Santiago Giraldo y José Frisancho; el ensayo social con Mariano H. Cornejo y Augusto Ramos Zambrano; el ensayo técnico, con Enrique Encinas Franco, David Frisancho Pineda y Manuel Núñez Butrón, principalmente; en la oratoria, Mariano H. Cornejo; en el periodismo panfletario, Federico More; en la crítica literaria: Juan Luis Cáceres Monroy, Omar Aramayo, Federico More y Jorge Flórez Áybar.
En el acápite dedicado al teatro puneño se habla de Inocencio Mamani, Emilio Romero, Alberto Paniagua y Hugo Bonet, con algunas alusiones al Grupo Los Chasquis. Por su parte, en música relacionada a la literatura, aparecen el Pupa Dávila, Cástor Vera Solano, Faustino Rodríguez, Zacarías Puntaca, Abel Arce Gordillo, Víctor Cuentas Ampuero, Gaspar Aguirre Flores, Rosendo Huirse, entre los principales.
II. COMENTARIO: No cabe duda que esta obra es un libro fundacional en su género, por cuanto, es el primer gran esfuerzo por estudiar, desde una perspectiva holística, todas las expresiones de nuestra literatura, sostenido por fuentes escritas debidamente registradas, un estilo apasionado que, a veces, origina apreciaciones sarcásticas y una voluntad de registrar todo aquello que pueda servir para llenar de puneñidad el espíritu de las futuras generaciones.
Lógicamente que el proyecto da para más, pero, el propósito de Percy Zaga ha sido presentarnos en pocas páginas un tratamiento condensado del quehacer literario puneño. El subtítulo “Para Educación Secundaria” delimita los alcances de su historia literaria y justifica, de cierta manera, la brevedad de sus comentarios. Debe reconocerse que no es una antología, que de por sí, involucra el significado de selección o florilegio de lo mejor, de acuerdo a los criterios utilizados por el antólogo. El libro de Zaga es una breve historia de la literatura puneña. Quizá con el tiempo y en una futura reedición, precise más los conceptos, amplíe el análisis del proceso y adecue una metodología para recolectar y analizar la información, tomando como base la escuela o movimiento literario, o una perspectiva generacional, cronológica, periodológica o estilística. No obstante ello, siempre será problemático, cuando no, controvertido, integrar esas dos formas particulares de la cultura, como son la historia y la literatura.
En el siglo pasado se han hecho investigaciones notables para articular la ciencia de la historia con una disciplina cuyo eje es la creación. Durante mucho tiempo la tríada conceptual constituida por la crítica literaria, teoría literaria e historia literaria, generó vaguedades y ocupó el centro de interés de las investigaciones literarias, hasta lograr un deslinde acerca de su naturaleza y objeto de estudio. Pero, aún quedan en pie muchos aspectos sin resolver, como aquella que se refiere a considerar la historia de la literatura tal si fuera una historia particular, sin definir exactamente de cuáles y de qué naturaleza han de ser sus relaciones con y dentro de la historia propiamente dicha. En algún momento René Wellek, plateaba su conocida dicotomía: es historia o es literatura, so pena de que no sea más que una mera crónica literaria o mero acarreo de materiales ordenados cronológicamente, según la praxis habitual del historicismo positivista, que ha dejado de ser usado como modelo de trabajo historiográfico.
La historia de la literatura y sus categorías tenían para Todorov la consideración de hechos empíricos previos a la teoría, o sea de representaciones creativas que debían, a posteriori, contraponerse a la artificiosidad de las nociones teóricas. Actualmente, esto dista mucho de ser así. En la época contemporánea, la aparición de Bajtin y su concepto de estudio diacrónico, ha sido crucial para el desarrollo de la historia de la literatura, en cuanto, logró concatenar teoría y hecho literario. Existen varios paradigmas de historiografía literaria que toman como elemento de estudio unidades extensas como períodos, corrientes, movimientos y escuelas. En su momento, Ortega y Gasset utilizó una perspectiva generacional, sin embargo, aún no es posible anular ambigüedades entre estos conceptos y categorías, y más todavía, con la noción de período, cuyo uso se ha relativizado en los últimos estudios historiográficos de literatura.
En Puno tenemos varios ensayistas y antólogos de literatura. Los escritores Juan Luis Cáceres, Omar Aramayo, José Luis Ayala y Jorge Flórez-Áybar son representantes de estas especies literarias. La publicación de este libro de Percy Zaga Bustinza, con una extensión de sólo 160 páginas, nos presenta, por primera vez, a un intelectual que hace historia de la literatura puneña, como resultado de un esfuerzo considerable y prolongado. Y ése es uno de sus méritos. Por eso, el libro marca un hito. Los especialistas podrán criticar el uso del método, su aparente desorden, la brevedad del tratamiento; pero son valiosos el estudio de los hechos literarios enmarcados en procesos socioeconómicos del Altiplano, que es como debe tratarse la literatura. El humor, la ironía que, a veces, utiliza para comentar, no rebaja la calidad del libro, porque se corresponde exactamente con el estilo del escritor, con su reconocida personalidad, que no va a cambiar sólo por complacer a sus amigos escritores. Por el contrario, saludamos esa actitud que lo diferencia de los comentaristas puneños de literatura.
Qué duda cabe, el libro de Percy Zaga es un aporte a la cultura puneña, una obra de lectura obligatoria para profesores de comunicación, un trabajo de consulta para estudiantes de secundaria y superior y, un breve tratado que coadyuvará en el fortalecimiento de nuestra identidad como Región. El autor no es historiador de profesión; por tal razón, es comprensible cualquier falencia de carácter metodológico, o la engañosa desorganización de su estructura, o el enfoque de sus análisis que más bien tiene que ver con su aparato ideológico; pero, nadie podrá discutir su honestidad, su vocación de servicio y su valentía de arriesgar el pellejo por lo que cree. Eso es lo que vale en los hombres. Se rumorea por ahí que pronto aparecerán otros libros de historia de la literatura puneña por parte de René Calsín y José Luis Velásquez, quienes sí tienen preparación académica en el área. Esperaremos con ansias esos trabajos.
Finalmente, si algo tengo que observar en esta obra es la duda que Percy tiene acerca de mi puneñidad. En efecto, no tuve la suerte de nacer en Puno, tampoco, en Apurímac; pero nadie escoge el lugar donde va a nacer. Soy puneño porque aquí están, en el cementerio de Laykakota, los huesos de mi hijo Pável Mijaíl que murió cuando cursaba el quinto año de secundaria; aquí están mi familia, mis amigos, mi trabajo, mi casa; aquí asimilé la concepción del mundo de la nación quechua-aymara; aquí me hice escritor y; aquí seré enterrado cuando me vaya de este mundo.
Felicitaciones a Percy Zaga por esta obra inaugural y trascendente. Dará mucho que hablar a favor y en contra; lo cual, está bien, porque eso es lo que se espera que suceda cuando se escribe un libro.

domingo, 3 de febrero de 2008

Otra votación




¿Y cuando realizarán una votación para elegir al mejor de estos viejitos?

Vidas cambiadas

El cazador de esfinges dijo...

Este Blog ha logrado influir en la vida social de los poetas jovenes de Puno: JLVG dejó crecer su joroba. Walter paz estrechó su relacion de amor y odio con JLVG. Los suches ya no reciben más petrodolares, Bedoya está terminando un Cuento extenso con todos los sufrimientos que el Blog le trajo. Chuqui ha desaparecido. Fidel Mendoza aumentó 17 kilos, etc. etc.
Lo más resaltante es que el monstruo de los Cerros Filonilo Catalina ha decidido aprovechar ganancia de pescadores en el caos reinante para autoungirse como el mejor poeta de los ultimos tiempos y le está dando mucho material al Blog. Gabriel Apaza ha decidido presentar en fecha breve su libro en Puno. Ha cursado ya invitaciones publicas para que los comentaristas de su poemario sean JLVG, el intelectual de moda, Walter Paz, el teórico español, Darwin Bedoya, para que saque a relucir, si tiene las agallas, sus rencillas y Luis Pacho por si los anteriores intentan joder la poesía de Gabriel.
(continuará...)